Proyectos IIBCE de Alto Impacto_ METHANOBASE

A través de una convocatoria de la ANII, IIBCE forma parte de un proyecto de 3 años en el que colaboran centros de investigación de varias partes del mundo. Se trata de un proyecto ERANet- LAC, llevado adelante por instituciones de América Latina, el Caribe, y Europa.
El nombre suena tan importante como su objetivo: METHANOBASE, una base de datos sobre las emisiones de metano en un escenario de cambio climático. Específicamente, METHANOBASE buscará obtener información significativa sobre la forma en que algunos microorganismos liberan metano a la atmósfera, en las condiciones actuales, y frente a un aumento de temperatura simulado en el laboratorio.

El metano es uno de los principales gases de efecto invernadero y por ende uno de los responsables del aumento global de la temperatura atmosférica. El objetivo principal del proyecto, entre otros, será evaluar el efecto del aumento de la temperatura en las emisiones de metano en los ambientes fríos. ¿Se van a incrementar o no?

Microorganismos Bioindicadores
Para prevenir perturbaciones ambientales de impacto negativo sobre el planeta, necesitamos evaluar escenarios posibles a futuro. Uno de estos escenarios es la vida en ambientes fríos que ya no lo son tanto. Con METHANOBASE se simulará un aumento de la temperatura, incubado los microorganismos encontrados en estos ambientes a temperaturas por encima de lo habitual. Durante la incubación, se medirá tanto la emisión como el consumo de metano.

¿Quiénes son los protagonistas?
Las arqueas y las bacterias, dos tipos de organismos procariotas, algunos de ellos muy primitivos, responsables de liberar y consumir este gas en nuestro medio.
¿Alguna vez escucharon culpar a las vacas del cambio climático? Ellas no son las responsables directas: tanto las vacas como nosotros tenemos arqueas en nuestro sistema digestivo, y es a través de su propio metabolismo que liberamos este gas. Como cada vez hay más vacas para nuestro consumo de carne, se las culpa de ser las principales generadoras del efecto invernadero*, aunque cuando hablamos sus emisiones de metano, nos referimos a los productos del metabolismo de las arqueas que llevan dentro.

Claudia Etchebehere y Celine Lavergne (francesa trabajando en la Universidad de Valparaíso en Chile)

Claudia Etchebehere, responsable del proyecto por el IIBCE y Celine Lavergne (francesa trabajando en la Universidad de Valparaíso en Chile)

Un proyecto internacional 
En estos tres años que ya comenzaron a correr, se tomarán muestras de 3 lugares del mundo bien alejados: Alaska, Siberia y Punta Arenas. Estos sitios representan los ecosistemas Ártico, Subártico y Subantártico respectivamente y se eligieron porque allí, el suelo pasa una temporada congelado y esto evita que entre oxígeno. Como las arqueas que emiten metano son anaerobias, viven en ausencia de oxígeno, en estos suelos existe mayor capacidad de metabolizarlo. Además, los ambientes fríos son más sensibles a los cambios de temperatura. Otro punto importante es que los 3 sitios tienen un tipo de ecosistema de suelo específico llamado peatland o turbera, donde se acumula materia orgánica favoreciendo el metabolismo. Por último, todos cuentan con laboratorios cerca para procesar las muestras.

ERANet-LAC se lleva a cabo por un consorcio de grupos de investigación: Las Universidades de Valparaíso y Magallanes de Chile, el grupo Ecolab de Toulouse, Francia, donde trabaja la directora, Dr Maialen Barret, el grupo Biodiversity and Evolution Genomics de Bélgica, uno especializado en transcriptómica de la Universidad de Tromso de Noruega, otro de la Universidad Fairbanks de Alaska, el laboratorio de Geocriología de Igarka, Siberia y el IIBCE de Montevideo.
Cada grupo de investigación pondrá su parte para avanzar en el estudio de la estructura de las comunidades microbianas ligadas al metabolismo de metano y su relación con las condiciones ambientales donde viven.

Se realizarán 3 muestreos en total. Uno ya se hizo en Punta Arenas, otro está ocurriendo ahora será en Alaska (junio) y el último en Siberia, en julio y agosto. En cada muestreo, primero se miden las emisiones en el lugar mismo, in situ. Esto es posible gracias a un dispositivo que permite detectar los flujos de gases metano (CH4), CO2 y O2, que se medirán en los suelos cerca de los lagos, en las turberas y en la propia agua.

Armando Sepulveda (mexicano que trabaja en la Universidad de Magallanes en Chile) y Celine.

Armando Sepulveda (mexicano que trabaja en la Universidad de Magallanes en Chile) y Celine, realizando los muestreos.

Además de las mediciones de flujo de gases in situ, se tomarán varias muestras que se llevarán al laboratorio para extraerle su ADN y ARN. El ADN permitirá estudiar qué bacterias y qué arqueas hay, con el gen marcador 16S del ADN ribosomal. Para ver qué pasaría si aumentara la temperatura, será justamente el grupo del IIBCE quien realice la simulación, incubando las muestras con el sustrato adecuado, en este caso Acetato o Hidrógeno. Luego de un tiempo considerable de incubación, de aprox. 100 días, ya que las arqueas metanogénicas crecen lento, se medirá la producción de metano hasta que se acabe el sustrato.

Con los análisis de ADN se verá qué especies fueron favorecidas en ese cambio de temperatura. También se determinarán los genes de una enzima específica de las arqueas y otro gen específico de las bacterias que consumen metano. Esto permitirá cuantificar el porcentaje de estos genes por gramo de suelo y ver cuántos hay de un tipo u otro, el pool genético. Por último, se buscará evaluar qué ambientes tienen más producción o más consumo, si la materia orgánica favorece o desfavorece un proceso u el otro, entre otros aspectos de la ecología microbiana.

Celine y Bruna en el Instituto de Geofisica de la Universidad de Alaska en Fairbanks

Celine y Bruna en el Instituto de Geofisica de la Universidad de Alaska en Fairbanks

Otros aportes del proyecto
Todos los datos del proyecto servirán para aumentar la base mundial de datos sobre la biodiversidad del planeta, a su vez la base de datos de las potenciales funcionalidades de las comunidades de microorganismos. En particular, el grupo de Bélgica que está desarrollando una base de datos georeferenciados de microorganismos de ambientes fríos, aumentará su cobertura. Por ahora se llama mARS, pues la mayor parte de sus datos son de la Antártida; con ERANet-LAC aumentará su base de datos y obtendrá más información para comparar la ecología de las especies con sus respectivos ambientes.

Para este proyecto, en el IIBCE se hizo un llamado a un cargo de posdoctorado. Se presentaron 8 candidatos de varias partes del mundo como Alemania, Brasil y Francia. Finalmente fue una Brasilera, Bruna Dellagnezze, quien vino instalarse a nuestro Instituto por un año para llevar adelante su parte del proyecto.

ERANet-LAC es un gran avance para nuestra ciencia y la de todo el mundo. Es un proyecto IIBCE de Alto Impacto, no sólo local. Además de contribuir al conocimiento global de nuestro plantea en constante cambio, para Uruguay, participar en una investigación de esta escala permitirá acceder a técnicas y tecnologías modernas que no existen en nuestro país, además de intercambiar abordajes y conocimientos de frontera.

Contacto con la responsable del proyecto en IIBCE: Claudia Etchebehere – cetchebe@gmail.com
Proyecto dentro de los aprobados por el programa ERANet-LAC (pág. 11)

El IIBCE por sus protagonistas

Éste es el IIBCE, un instituto de investigación donde trabajan jóvenes científicos en diferentes etapas de formación, con investigadores consolidados de primer nivel, en distintas áreas de la Biología.

Vocación, dedicación, diversidad y calidad. Investigación uruguaya con proyección internacional, en la frontera del conocimiento.

IIBCE, pasión por la ciencia

 

Cursos 2016_Biología de la Conservación. Tópicos y metodologías de estudio

Este curso comienza el 5 de abril y se llevará a cabo los martes de 18 a 21 horas en la Sala Sáez de nuestro Instituto. El objetivo general es capacitar al estudiante en las bases conceptuales de la biología de la conservación y las metodologías de estudio, analizando los aspectos demográficos, genéticos y ecológicos.

Programa

Biología de la Conservación
Diversidad Biológica
Concepto de especie y de unidades de conservación –
Conservación in situ.
Biología de poblaciones pequeñas aspectos demográficos y genéticos

Variabilidad Genética
Arthropoda: un grupo megadiverso y su importancia en la conservación de la biodiversidad
Medicina de la conservación
La investigación biológica y la educación ambiental

Prioridades de Conservación. Selección en base a especies. Como definir áreas de conservación.
Practico: Modelos poblacionales empleando programa Vortex.

Inscripciones a partir del 7 de Marzo en Bedelía Facultad de Ciencias
Fecha límite de inscripción 31 de Marzo de 2016
Cupo para práctico: 15

Luego de inscripto enviar por mail a: sugonza9@yahoo.com con una carta de una carilla explicando la motivación a realizar el curso y resumiendo su CV. Si el cupo se excede se seleccionara en base a esta nota.
Tendrán prioridad los estudiantes de PEDECIBA

Coordinadora: Dra. Susana González
Docentes: Dr. Enrique Morelli & Dr. Miguel Simó
Docentes colaboradores: Dra. Mariana Cosse, Dra. Claudia Elizondo, Mag. Natalia Mannise

Entretelas de Laboratorio_ Ciencia, mujeres y arañas

Carmen y Leticia y Macarena son 3 entre más de 15 investigadoras e investigadores que se dedican a estudiar la vida de la arañas en el IIBCE. Decidimos conversar con ellas, para mostrar un pedacito de la grandiosa ciencia que realizan como biólogas especializadas en el estudio del comportamiento animal, la filogenética, la ecología y la evolución.

Macarena González regresó hace poco de Córdoba, donde realizó su doctorado investigando a Aglaotenus lagotis, una araña que podríamos encontrar en un viaje de aquí a Colombia. Se dice que todo es la misma especie pero ella y otros aracnólogos sospechan que no.

Como vive en diferentes ambientes e incluso dentro de nuestra región la han visto con comportamientos y hábitos variables, podrían haber al menos dos especies distintas, y una de ellas, exclusiva de nuestras latitudes. Hoy Macarena busca probar la identidad de las hermanas Aglaoctenus, algo que podría ser tan simple como tomar dos individuos y ver las diferencias. Pero la ciencia pide mucho más, y más aún si se trata de algo que otros dicen no ser así.

Macarena registrando datos de una tela de A. lagotis construida sobre un árbol. Foto Carlos A. Toscano-Gadea

Macarena registrando datos de una tela de A. lagotis construida sobre un árbol. Foto Carlos A. Toscano-Gadea

Aglaoctenus lagotis es una “araña lobo”, como las demás arañas del género Aglaoctenus. Todas pertenecen a la familia Lycosidae, que se caracteriza porque sus integrantes son errantes, es decir que no viven ni en telas ni en cuevas. Como toda regla tiene sus excepciones, allí pueden estar las claves de la búsqueda de Macarena. A. lagotis sí hace telas, específicamente en forma de embudo. Esto condiciona varios aspectos de su comportamiento, al menos el sexual, el parental y el de captura de presas.

En su doctorado Macarena y sus orientadores investigaron varios aspectos de la vida de A. lagotis, como por ejemplo los detalles de un encuentro sexual, quién abandona su vida sedentaria para salir en busca de su media naranja y cómo se guían en el camino hacia un encuentro de pareja.

Hembra adulta de A. lagotis

Hembra adulta de A. lagotis

Observaron el cortejo, la cópula, y cuánto influye el hecho de que ocurra sobre una trama de seda y no sobre el suelo como lo hacen los demás licósidos. Por si esto fuera poco, Macarena se animó a tomar medidas de la genitalia de hembras y machos, para ver si quienes parecen ser de especies distintas eran capaces de comunicarse y reconocerse para copular entre sí.

Su objeto de estudio, además de ilustrar mecanismos de biología reproductiva y ecología evolutiva, también tiene una aplicación directa, ya que lagotis está nominada al grupo de animales controladores biológicos de insectos-plagas. Ya se conoce el ciclo de vida de A. lagotis en las cuatro estaciones. Ahora resta evaluar qué tanta cantidad de insectos perjudiciales, por ejemplo langostas, presas frecuentes en el campo, son capaces de atrapar y consumir.

A. lagotis capturando una langosta. Foto Alvaro Laborda.

A. lagotis capturando una langosta. Foto Álvaro Laborda.

Leticia Bidegaray es investigadora posdoctoral del Laboratorio de Etología, Ecología y Evolución del IIBCE. Comenzó su carrera  con Susana González, estudiando la genética de la conservación vinculada a los ciervos neotropicales. Siempre le gustó la genética y le interesó estudiar cómo se genera la diversidad. En 2003 viajó a Barcelona y luego de establecerse buscó un lugar para continuar el camino de la investigación.

Encontró un sitio casi ideal, donde investigaban los procesos que generaban la diversidad de especies de arañas, tanto a nivel intraespecífico, dentro de la misma especie, como interespecífico, entre individuos de diferentes especies.

¿Tenés miedo de la arañas? Le preguntó un día Miquel A. Arnedo. “Y… ¡No!” Así comenzó un camino de investigación en el Departamento de Biología Animal de la Universitat de Barcelona y una carrera académica que años más tarde le permitió volver a Uruguay y al IIBCE, con experiencia y conocimientos muy valiosos para nuestra ciencia. Mientras estaba en Barcelona, viajó a California y Suiza,  donde conoció metodologías de estudio para casos específicos que veía interesantes.

Leticia_Bidegaray_LEEE_20151221_181015

Leticia_Bidegaray_ Investigadora posdoctoral del LEEE, IIBCE

Leticia trabaja desde entonces con dos modelos de los géneros Harpactocrates y Parachtes endémicos del mediterráneo occidental. Sus distribuciones particulares la motivaron a investigar los procesos que generaron su diversidad. Sus estudios contribuyeron a entender la generación de la biodiversidad del Mediterráneo.

En Parachtes comprobó su hipótesis inicial, la diferenciación entre las especies se correspondía con los procesos geológicos de la región. En el caso de Harpactocrates, su hipótesis sobre los ciclos glaciales en el Pleistoceno como modeladores de la diversidad no funcionó. El tiempo de diferenciación entre las especies se correspondía con eventos de cambios climáticos mucho más antiguos.

A Leticia siempre le interesó estudiar el pasado, algo evidente al saber que sus objetos de estudio tienen entre 20 y 30 millones de años. Lo que más la motiva es entender por qué se generó la diversidad. Algo genial de su viaje al pasado, es la utilidad para comprender en el presente, por qué las especies que vemos están donde están y qué debemos conservar.

Por eso a partir de sus trabajos en el Norte pudo profundizar en las preguntas que hoy son el foco de varios proyectos de investigación con nuestras arañas. Aquí cambió de modelo y trajo sus aportes personales por ejemplo al estudio del género Allocosa, al que pertenecen las particulares arañas blancas de la arena Allocosa alticeps y Allocosa brasiliensis.

Allocosa alticeps_Foto_Álvaro Laborda

Allocosa alticeps_Foto_Álvaro Laborda

En el IIBCE participa en varios proyectos con estas especies. Ambas son arañas lobo que viven en los arenales costeros de Uruguay, Argentina y Brasil. Son muy estudiadas por tener inversión de los roles sexuales: las hembras inician el cortejo y los machos son selectivos. Además, ambas son indicadoras ambientales de las dunas costeras de Uruguay.

En uno de sus estudios colabora para establecer sus distribuciones en el presente, pasado y futuro ​y así poder establecer correlaciones entre la diversidad genética y distribución geográfica en el tiempo​ y el espacio, e incluso identificar zonas prioritarias a conservar. Para ello cuenta con la colaboración de investigadores del Laboratorio de Ecología, Etología y Evolución, LEEE, y de la Facultad de Ciencias. Además, participan el Dr. Miquel Arnedo de la Universidad de Barcelona y el Dr. Patricio Pliscoff, a quien conoció en Suiza y vino en enero de 2015 a compartir sus conocimientos con nosotros.

Los resultados preliminares muestran que en A. alticeps hay tres linajes o grupos genéticamente diferenciados: uno está ampliamente representado por individuos de todas las localidades muestreadas, y los otros dos por individuos de dos localidades del Departamento de Canelones y una del Departamento de Rocha. Los tres linajes coexisten únicamente en éstas localidades.

Estos indican la importancia de realizar un esfuerzo en el monitoreo y desarrollo de estrategias para la preservación de la alta diversidad genética encontrada en A. alticeps en dichas localidades. Por otro lado, los resultados de la predicción de la distribución en el futuro muestran una distribución reducida de ambas especies que se desplazaría hacia el sur. Esto también remarca la necesidad de desarrollar estrategias para la preservación de ambas especies y del ecosistema costero supralitoral uruguayo.

[#Beginning of Shooting Data Section] Nikon COOLPIX4500 Focal Length: 14.7mm White Balance: Auto Digital Zoom Ratio: 1.00 2004/10/17 16:43:11 Exposure Mode: Manual AF Mode: AF-S Saturation comp: 0 JPEG (8-bit) Fine Metering Mode: Center-Weighted Tone Comp: Auto Sharpening: Auto Image Size: 2272 x 1704 1/125 sec - F/8.5 Flash Sync Mode: Front Curtain Noise Reduction: OFF Color Exposure Comp.: 0 EV ConverterLens: None Sensitivity: Auto [#End of Shooting Data Section]

Otra especie con quien trabajó Leticia. Harpactocrates ravastellus. Foto Eduardo Mateos.

Carmen Viera es una aracnóloga con una trayectoria de más 30 años. Desde 1986 es docente en Facultad de Ciencias, y es Investigadora Asociada y Jefa del Laboratorio de Ecología del Comportamiento del IIBCE.

Una de sus líneas de investigación, es el comportamiento social de arañas sociales y subsociales, en sus estrategias reproductivas y la dispersión, fusión y fisión de nidos. El comportamiento social es una extensión del comportamiento parental y bastante peculiar en las arañas. Sólo 60 especies de más de 45000  conocidas presentan este modo de vidaya que la enorme mayoría son solitarias y sumamente caníbales

Las arañas subsociales tienen una etapa de vida en común con sus padres y hermanos y se dispersan como adultos. Las camadas de hijos viven con la madre en una estructura comunitaria llamada nido de seda.

Nido comunal de araña subsocial

Nido comunal de araña subsocial

Carmen eligió estudiar el género Anelosimus, porque tiene la particularidad de abarcar especies sociales, subsociales y solitarias.​ Una de sus  alumnas de Doctorado realizó un estudio, comparando el comportamiento parental de 6 especies, 3 de Brasil y 3 de Uruguay. En cada país, una social, una subsocial y una solitaria.

Encontraron que la inversión de tiempo y energía en el cuidado maternal es mayor para las madres de arañas subsociales. Las sociales colaboran todas y por lo tanto se reparten el trabajo, y las solitarias no realizan cuidado de crías. Por lo tanto, las arañas subsociales son las que invierten más ya que se encargan de todo.

La sociabilidad se da mucho en los trópicos, donde la oferta de presas diferentes es mayor y las condiciones ambientales son más estables. Los nidos de las arañas alcanzan un tamaño mayor que en climas templados. Vivir en comunidad les permite cazar insectos más grandes.

Este tema se relaciona con la otra línea de investigación de Carmen, el comportamiento de captura. Los predadores no siempre consumen la presa más grande. Cada individuo hace lo mejor dentro de la potencialidad que tiene. Conseguir alimentos de mayor y mejor calidad involucra comportamientos defensivos y agresivos, lo que implica una inversión de energía extra que hay que compensar.

Araña capturando una presa 2

Araña capturando una presa

Esta línea ha llevado a que recientemente visitara al IIBCE un experto en físico-química de las telas de arañas, el Dr. Sean Blamires* Su visita se concretó a través de un proyecto de investigación en común, por demás interesante: conocer las diferencias entre las telas de una araña nativa australiana invasora en Uruguay, Badumna longiqua, en 3 situaciones diferentes, en Uruguay y Australia.

Badumna longiqua llegó a Uruguay con el eucaliptos y hoy desplaza a las arañas subsociales que investiga Carmen, en particular a una que lleva su nombre: Anelosimus vierae. Existen nidos de Anelosimus con y sin Badumna y también hay lugares donde Badumna está sola. Al comparar las telas de Badumna en cada situación, se observan variaciones en diseño y estructura, que podrían relacionarse con la adaptación a diferentes situaciones.

Badumna parasita a Anelosimus y hace telas usando de base su nido. Anelosimus, como buena araña social, es tolerante, y por eso es muy parasitada. Otras especies la “usan”. Por ejemplo las cleptoparásitas, que no parasitan a la araña sino el lugar y los beneficios que le da, como restos de presas o temperatura moderada dentro del nido.

Sean se llevó 3 hilos de cada tela de cada araña, 20 por situación, en una estructura especial diseñada para la ocasión. Los relevamientos se realizaron en el Parque Rodó, donde están las 3 situaciones representadas.

Hilos de seda (ballooning), modo de dispersión de algunas arañas

Hilos de seda (ballooning), modo de dispersión de algunas arañas

A partir de los proyectos con Sean, Carmen lleva adelante otros proyectos de comportamiento constructor y depredador con otras arañas, cada género y especie con su particularidad biológica. Como en una tela, podríamos perdernos y quedarnos atrapados con sus anécdotas, sus conocimientos y sus proyectos a futuro.

Es increíble como un animal tan pequeño nos puede enseñar tanto. Y cómo la ciencia es un camino de conocimiento infinito; aunque a veces da vueltas o incluso parece retroceder, no para nunca y crece desde el pie, o mejor dicho, desde las patas articuladas.

 

Rocío Ramírez Paulino

IIBCE en el Mundo

El portal Research Gate permite a las instituciones que realizan investigación, y por ende, publicaciones en revistas científicas arbitradas, visualizar sus colaboraciones a nivel internacional. Aqui está el mapa de investigación del IIBCE, según Reseach Gate.

Colaboraciones de investigadores del IIBCE con otros investigadores del mundo

Colaboraciones de investigadores del IIBCE con otros investigadores del mundo

 

Historias del IIBCE_ El rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande

Cuando falleció Juan Blengini, varios investigadores del Instituto escribieron aquí mismo anécdotas sobre él, un hombre que marcó la historia de la biología y el naturalismo en Uruguay. Una de ellas es sobre el rescate de animales que tuvo lugar luego de construirse la represa de Salto Grande.

Tiempo después de publicada la nota sobre Juan, Roberto Capocasale, investigador grado 5 asociado al Instituto que lo conoció personalmente y fue parte de aquel rescate, accedió a contarnos desde su propia memoria esta gran aventura.

Copiamos aquí su relato, otra historia del IIBCE digna de contar y de leer. Gracias Roberto.

El Comienzo

Cuando el Sr. Juan Blengini, quien intervino en el rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande, nos invitó a Fernando Costa y a mí a concurrir a dicho lugar porque había visto que había muchas arañas, me pareció interesante ir. Personalmente, como aracnólogo sentí que era una oportunidad única: de conocer esa zona y de tener así, a ciencia cierta, una idea general sobre cuál era la aracnofauna del lugar. Porque, una cosa es que los ejemplares salgan de su madriguera porque se inundó el hábitat donde viven y otra muy diferente, es recolectarlos de manera azarosa. Así que, el Prof. Fernando Costa y yo, nos dispusimos a concurrir de buena gana a la zona en cuestión. Costa y yo éramos integrantes del Departamento de Zoología Experimental del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, y como zoólogos sentíamos la curiosidad del investigador científico y la obligación de estar en ese evento para poder vivirlo.

DSCN0173

El lugar del rescate

La catástrofe en Constitución
Al llegar a Constitución nos enfrentamos a un panorama peculiar. Se trataba de un grupo de viviendas construidas, evidentemente, en diferentes momentos, aunque poco se podía concluir ya que la mayoría de lo que quedaba, mostraba un paisaje integrado por restos de casas demolidas; eran ruinas que el agua sepultaba inexorablemente a medida que crecía el agua. En aproximadamente cincuenta minutos, una máquina y un hombre derrumbaban sin consideración lo que, seguramente, había costado muchos días construir. En la gente del lugar se “respiraba” una atmósfera extraña. Era una sensación catastrófica. Cuando se hablaba con alguien del lugar siempre surgía un comentario: “No hay caso, el agua se viene”, e inmediatamente se percibía un estado de angustia. Fue la primera vez en mi existencia que tuve contacto con un desastre ecológico. Al principio no comprendía por qué se sentía miedo ya que todo estaba controlado. “Es peor que en el 59” afirmaban. Más tarde comprendí aquellas quejas. Significaban que las inundaciones del año 1959 habían dejado una huella imborrable en el espíritu de la gente de esa zona. Sentían que, lo que les ocurría, era análogo a lo de aquel año. Lo cual impactaba. Narraban que en aquella ocasión habían perdido “mucho”.
“Mucho” para algunos, era un ropero, un colchón, el calentador a queroseno…
Después de estar en Constitución aún había que ir a El Espinillar: era nuestro Cuartel de Trabajo, que había sido gestionado por Blengini para que pasáramos varios días. Aunque el objetivo de Costa y mío era observar cómo se desarrollaba la tarea, inmediatamente nos vimos involucrados en el rescate, y casi sin darnos cuenta, contribuimos en la tercera etapa de ese largo proceso.

La Historia
Hace más de veinte años, cuando se construyó la represa de Salto Grande, se formó un lago artificial consecuencia del embalse del río Uruguay, en una superficie de 78,300 hectáreas. El río quedó alterado en una extensión aproximada a 140 kilómetros cuadrados. Ese trabajo conllevó una importante alteración ambiental y una enorme destrucción: se talaron árboles, se destruyeron hábitats, quedaron islas sumergidas. Previamente al embalse del río se quemó todo para que el lago fuese navegable.
Del lado uruguayo, antes que la cota llegara al nivel necesario, hubo un grupo de integrantes del Ejército Nacional que realizaron el primer rescate de fauna. Fue en junio de 1978. Y allí, con ellos, estuvo Juan Blengini. En marzo de 1979 se realizó el segundo rescate, que duró seis meses. Hoy son pocas las personas que saben algo sobre esa labor.

Juan Blengini
Blengini fue, desde mi óptica, un verdadero personaje. Un hacedor que en los lugares donde trabajaba se las ingeniaba para ubicar sus animales vivos. Por ejemplo en el Zoológico Municipal, al cual concurría en forma honoraria, armó un espacio donde exhibía al público las víboras que criaba. Lo mismo pretendió hacer en el Museo Nacional de Historia Natural de Montevideo, lugar donde lo conocí, pero como los museos en general son lugares donde los animales se conservan embalsamados, no tuvo éxito en ese sentido, y alguna vez hasta un disgusto; es que él no mataba a los animales.

En el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, ingresó como Encargado del Criadero de ratas y ratones blancos, especímenes que se usan por los investigadores de la institución para hacer pruebas experimentales. A dicho lugar, Blengini le cambió la denominación que tenía por la de Bioterio. De esa forma pudo ingresar los animales que criaba y mantenía sin tener problemas como los que tuvo en los lugares anteriores.
Blengini tenía el perfil típico del Naturalista. Había sido empleado de PLUNA, pero su pasión por los animales le hacía ser un Naturalista innato. Un día, por razones administrativas (algunos decían que por su ideología política) fue pasado “a disponibilidad”; así que, antes que quedarse “en la calle” como se dice vulgarmente, buscó ingresar a diferentes lugares, para finalmente, quedarse en el IIBCE.

En rigor, algunos que se atrevieron a hacer la infidencia, dijeron que a Blengini se le debe la idea de realizar el salvataje de Fauna en Salto Grande. Afirmaban inclusive, que se ocupó de mover influencias personales con el fin de que se efectivizara su idea. Pero, en aquellos tiempos de gobierno de facto, el asunto se mantuvo en secreto por razones obvias. Sea como fuere, el hecho concreto es que durante todas las etapas del salvataje de fauna en Salto Grande, siempre Blengini estuvo presente dirigiendo a los efectivos del Ejército Nacional que trabajaron ejecutando cada etapa del proceso que él supervisaba.

La captura de los animales
En nuestro caso nosotros capturábamos a los animales directamente, sin trampas. Eso lo hacíamos desde un bote, que por supuesto, se movía constantemente. El procedimiento a primera vista parecía simple: arrimarse a la resaca o a la copa de algún árbol que sobresalía sobre la superficie del agua. Eso casi siempre ocurría a varios cientos de metros de la costa. Se apagaba el motor del bote y cuando estábamos cerca de la resaca, con una caña de tacuara larga, que tenía un gancho en el extremo, tratábamos de atrapar al animal que deseábamos capturar; una vez en nuestro poder, se lo ubicaba en el recipiente correspondiente que teníamos para ese fin. Esto, dicho así, parece fácil, pero para quienes lo ejecutábamos era lo más complicado del mundo.

DSCN0168

La resaca ocupaba una superficie de más de diez metros cuadrados. Aunque su aspecto era de serenidad, si se navegaba entre ella era muy peligrosa; los troncos y las ramas sumergidas que no se veían eran obstáculos que ningún bote podía sortear.

El río Uruguay suele integrar un paisaje cuyo perfil es maravilloso, casi mágico. Sus puestas de sol son algo que jamás se olvida. Pero cuando el viento sopla o se avecina una tormenta la circunstancia es terrible. Cuando se está embarcado, el movimiento del agua causa pánico. El viento no se soporta. En nuestra condición de recolectores, los animales, incapaces de agarrarse a las ramas, eran llevados por la corriente y perecían ahogados. La resaca estaba compuesta por el residuo del corte de los árboles, por las ramas y árboles que flotaban y que no habían sido recogidos. En esa masa vegetal semihundida se hallaban la mayoría de los animales que queríamos rescatar.
La resaca vista desde lejos aparentaba ser una masa serena de ramas y troncos flotantes entrelazados, sin peligro. Pero bajo su superficie, había troncos ocultos de hasta cincuenta centímetros de diámetro que destruían cualquier motor o bote. Eso obligaba a navegar lentamente y pensando siempre en el peligro potencial.

DSCN0169

Enroscadas en los troncos y ramas había Víboras de la Cruz. La flecha indica uno de esos ofidios el cual se pudo capturar con gran dificultad y peligro.

Las hormigas estrategas y el atípico comportamiento animal en medio de la inundación
Continuamente durante el rescate, chocaban contra el bote un conjunto de hormigas pequeñas vivas, amontonadas. Su volumen a veces llegaba a veinte centímetros cúbicos. Eran esferas vivas que flotaban a la deriva sobre el agua. Ese grupo uniforme de animales pequeños se movía continuamente, girando, lo cual hacía que ningún componente se ahogara. Se mantenían así tan adheridas a flote que era fácil tomarlas con ambas manos sin que se desintegrara el conjunto. La mayoría de los artrópodos terrestres perecían ahogados; excepto los más livianos que sobrevivían y flotando, impulsados por el viento, llegaban a la orilla.

DSCN0172

Durante el rescate, grupos de hormigas vivas, amontonados, flotaban entre la resaca; su volumen aproximado llegaba a los veinte centímetros cúbicos. Llamaba la atención ese comportamiento social, el cual hacía que no se hundieran porque giraban agrupadas fuertemente. Así, lograban sobrevivir hasta que llegaban a la costa.

Desde el primer momento me llamó la atención una pareja de horneros que construían su nido sobre un poste de un alambrado. Ese nido cuarenta y ocho horas más tarde estaría completamente sumergido bajo el agua. Los seres humanos hacemos cosas que desconciertan a los animales. Cuanto más estereotipado es un comportamiento, menos probabilidades tiene de sobrevivir el que lo realiza por ausencia de creatividad. El caso de los horneros era un ejemplo de lo dicho. Algo parecido ocurrió con tres lagartos enormes que se hallaban en las ramas más altas de un árbol; la mitad de su cuerpo estaba sumergido en el agua. Temblando se dejaron capturar con nuestras manos sin oponer resistencia ni tratando de huir. Ese comportamiento los hacía ver ridículos, ya que es algo inconcebible, para quienes conocemos cómo reaccionan esos animales en condiciones normales. Las arañas se subían al bote por todos lados. Caminaban sobre el agua tratando de subirse a cualquier cosa parecida a tierra firme. Estábamos rodeados por ellas. Si se les acercaba una mano se subían rápidamente a ella por los dedos hasta los brazos. No había peligro que picaran; lo único que les interesaba era salir del agua.

El Uruguay natural y moderno, en otra época
Todos los desastres ecológicos son catastróficos, ya sean naturales o provocados por el hombre, como en este caso. Pero lo que no comprende quien no lo vivió, es que toda alteración ecológica genera un trauma en el espíritu de las víctimas, porque según los Psicólogos, se guarda el sufrimiento en la Memoria Permanente de cada individuo.

El rescate de fauna de Salto Grande fue un ejemplo de esfuerzo y sacrificio para quienes realizamos en mayor o menor grado esa tarea. Puso al Uruguay a nivel internacional entre los países desarrollados a pesar de los recursos limitadísimos de nuestro país para este tipo de circunstancias. Así, poco a poco, se fueron rescatando: ratones, zorros, apereás, carpinchos, venados, comadrejas, gatos monteses, ofidios, lagartijas, batracios, arañas, yacarés. Recuerdo que en una ocasión rescatamos cincuenta ofidios en veinte horas de trabajo (incluidas varias Víboras de la Cruz). Todos esos los especímenes capturados fueron llevados a tierra firme, a lugares donde pudieran vivir sin peligro: una isla ubicada en el río Negro, según lo explicaba Blengini.

El rescate de fauna en el lago artificial de Salto Grande fue un acto cuyo contenido ecológico refiere con una filosofía: el derecho a la vida de todo ser vivo por sobre todo. Quedó así bien claro lo que puede hacer la consciencia humana cuando posee principios éticos que se ajustan a un padrón altruista. Si bien el embalse del río Uruguay afectó de diferente modo el ambiente de dos países, Uruguay, a pesar de sus carencias económicas y por consiguiente de recursos, fue el único que hizo lo que era necesario e imprescindible en ese momento sin discriminación o prejuicios.

Las generaciones de la Época Postmoderna, argumentan que las generaciones de la Época Moderna no hicieron lo suficiente para solucionar algunos de los problemas ecológicos que hoy nos mortifican. Las generaciones futuras no podrán quejarse de nosotros, como lo hacemos nosotros de las generaciones pasadas. El salvataje de fauna en el lago artificial de Salto Grande, contuvo la enseñanza de un valor interesante: es más fácil honrar el milagro que es la vida, que destruirla. Ojalá sepan decodificarlo las generaciones futuras.

 

Curiosidades récord del IIBCE_ Las arañas más longevas del mundo  

Es muy probable que en el IIBCE, vivan las arañas más longevas del mundo. Se preguntarán cómo puede ser que sepamos esto. Fernando Costa, investigador del Laboratorio de Ecología, Etología y Evolución (LEEE) de nuestro Instituto y guardián de la vida de estos ejemplares, nos contó porqué.

“Estas dos arañas, si son las más viejas de Sudamérica, también son las más viejas del mundo” nos dijo. ¿Cómo está tan seguro?

Hay varios puntos que nos lo indican. Para empezar, el tamaño de una especie y su longevidad guardan una relación directa. Sabemos que en general, cuanto más grande es un animal, más tiempo vive, y que los seres vivos, en general, antes eran más grandes. Los antecesores de estas arañas eran artrópodos grandes que vivían en el periodo Carbonífero. La familia a la que pertenecen las arañas más grandes que conocemos, Theraphosidae, tarántulas o arañas pollito, es la que posee las especies más longevas.

Tienen un origen Gondwánico, de la época cuando Sudamérica estaba pegada con África, la India, Australia y Antártida; en esos continentes unidos estaban presentes las arañas pollito, que son las arañas más grandes conocidas y las que viven desde hace muchos años en el IIBCE.

La araña más longeva del mundo, Grammostola anthracina. Vive en el IIBCE y tiene 32 años.

Estas bichas, como le gusta nombrarlas coloquialmente a Fernando, son grandes y pesadas, peludas y con pelos urticantes en el abdomen. Mucha gente en Uruguay les dice tarántulas. Hasta hace poco había en el cerro de Montevideo, la capital del País.

“Son bichos que te encontrás en la naturaleza, tranquilos, que se pueden agarrar con la mano” aclara. Claro, si uno los molesta, largan los pelos urticantes, pero no son peligrosos. En Uruguay existe una araña más grande que las pollito, la Theraphosa blondii o tarántula goliat, pero no vive mucho, quizás por las condiciones cálidas donde habita.
Éste es el otro aspecto vinculado a la longevidad, el metabolismo. Si un ser vivo tiene un metabolismo muy alto, su organismo se desgasta más y vive menos. Con calor todo va más rápido. Como son ectotermos, el nivel metabólico de las arañas aumenta con la temperatura, pues su temperatura corporal varía con la del medio exterior.

En palabras de Fernando: “A diferencia de nosotros, que si estamos en el polo seguimos a 37 grados, ellos allá están a 27 grados bajo cero. Y si viven en un ambiente de 40 grados, están a 40 grados. Cada grado aumenta el 10% de su metabolismo, dentro de determinados límites. Son todo reacciones químicas.

Si subís 10 grados, el metabolismo aumenta el doble. Entonces un bicho que vive en un ambiente más cálido, que vive por ejemplo con una diferencia de 10 grados entre un ambiente y el otro, si en un medio vive 30 años, en el otro lugar más cálido vive 15.”

Fernando Costa, dibujado por un ex alumno.

Fernando Costa, dibujado por un ex alumno, Alejandro Sequeira.

Más curiosidades arácnidas
Es impactante saber otro motivo por el que Fernando se anima a decir que “sus pollito” son, casi con seguridad, las más viejas del mundo:

“El asunto de estos “bichos” y su edad es que la literatura es fragmentaria. No existen registros muy científicos de la vida de la arañas. “Cuando uno cría estos bichos es medio como mascota, no hace un criterio muy científico…
…y cuando uno se aviva de que el bicho es viejo, ya tiene incertidumbre de +/- 3, 4 años.” Las citas que hay, son de alguien que se comunicó personalmente, alguien que dijo que más o menos debe tener tal fecha. ¡Ah! Y las longevas son sólo las hembras; los machos viven pocos años como adultos.
La literatura científica nunca es precisa. No hay un diseño experimental para medir la edad de una de esas arañas, porque puede tardar 20, 30 años.”

Como ningún dato sobre la longevidad es muy confiable, podemos decir que los ejemplares que tenemos en el IIBCE son quizás los más longevos, pues nacieron aquí, y se anotó la fecha de su nacimiento. Son de la especie Grammostola anthracina (antes la llamábamos G. mollicoma) y son hijas de una madre que colectó Juan Blengini; vinieron en febrero del 83. Tienen 31 años*.

Hace muchos años, con otro aracnólogo Uruguayo, también Fernando, de apellido Pérez Miles, hicieron una revisión de lo que se sabía de la biología de las arañas del Uruguay. Ahí dieron datos indirectos de longevidad: varias arañas habían tardado unos 10 años en llegar a adultas y otras, capturadas ya adultas, habían vivido hasta 20 años. Estimaban entonces, que podían vivir hasta 30 años en cautividad.
Un detalle que no es menor:las longevas son sólo las hembras, los machos viven pocos años como adultos, un tema digno de otro artículo en el blog.

Así que tenemos arañas que viven muchísimo porque tenemos arañas grandes, y no tenemos una temperatura muy alta.

El otro ejemplar de Grammostola anthracina, fallecida en su última muda, justo cerca de cumplir sus 32 años de vida en cautiverio, en el IIBCE.

El otro ejemplar de Grammostola anthracina, fallecida en su última muda, justo cerca de cumplir sus 32 años de vida en cautiverio, en el IIBCE.

Las pollito y el sexo termocontrolado
Conversando con Fernando sobre el metabolismo, nos desayunamos que la temperatura también es crucial a la hora de estudiar el comportamiento sexual de las arañas.

“Nosotros que trabajamos en comportamiento, justamente, tenemos que tener mucho cuidado de ver la temperatura. Un comportamiento sexual, de cortejo, que normalmente tiene un ritmo, a otra temperatura, cambia la velocidad. La velocidad de movimiento cambia según la temperatura.”

Por eso hay bichos que en invierno están rígidos, quietos, en diapausa. Eso es una ventaja que tienen los homeotermos, pueden capturar ectotermos porque en invierno van despacito. Los humanos tenemos otro tipo de problemas, que implica mantener la temperatura. Si hace frío, tenemos que hacernos una pelota, achicar la relación superficie volumen…”

Siempre es fascinante conversar con alguien que ha dedicado una vida al estudio de las arañas, encontrando diferencias y similitudes con nuestra propia vida. Y también descubrir aplicaciones prácticas del conocimiento, como saber que el metabolismo acelera el movimiento de los insectos:

“Vos ves una mosca. En invierno casi la tocás sin que vuele. Cuando hace 30 grados, son un avión…
… cuando hace frío tengo que tirarles el manotazo bien de cerca, pero si el bicho está posado en verano, para darle, ¡tengo que calcular a dónde va a ir!

¡Gracias Fernando!

*A fines del 2015 una de las hermanas murió al mudar la piel; la otra sí mudó exitosamente, ya come y es posible que viva sin problemas 2 ó 3 años más.

Historias del IIBCE_ El gran Naturalista Juan Blengini

Introducción por Rocío Ramírez, IIBCE

La historia de las historias
El Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, el IIBCE como le llamamos muchos de los que trabajamos aquí, es un lugar único. Por su historia, su trayectoria y sus historias. Nació de la pasión de su fundador, Clemente Estable, un maestro y pedagogo con una vocación por la investigación que cambió la realidad científica del Uruguay. Primero fue un “Laboratorio de Ciencias Biológicas” y estuvo situado en varios lugares físicos de Montevideo hasta que finalmente, ya como Instituto, se instaló en la calle Avenida Italia, donde hoy una gran cantidad de científicos trabajan en la búsqueda de nuevos conocimientos.

A lo largo de todos los años de vida del IIBCE, varias personas dejaron su huella. Muchos fueron y aun son científicos que por ejemplo, fueron nombrados investigadores eméritos en más de una ocasión; otros sin embargo, por no ser científicos o por no pertenecer a una categoría o espacio de trabajo convencional, pasaron desapercibidos ante la mirada y el reconocimiento social y cultural. Es el caso de Juan Blengini, casi un héroe de la fauna de nuestro país que hizo grandes aportes a la biología y la cultura uruguayas, quizás por el simple y maravilloso hecho de que nació para eso: para conocer y compartir conocimientos sobre la vida salvaje del Uruguay

Rescate de animales en Salto Grande. Zorro

Juan con una de sus pasiones, los animales. En este caso, un zorro rescatado de las inundaciones que ocurrieron luego de que se construyó la represa de Salto Grande.

Por eso, cuando en una de las vueltas cíclicas de la vida quién sabe si casuales, su hijo, vecino de toda la vida, profesor antes que vecino y hoy colega en otra institución, me contó que su padre había trabajado en el IIBCE y era amigo y conocido de muchos, pero que además, había dirigido varias salidas de campo y colectas de animales por todo el país, quedé atrapada de inmediato ante sus relatos.

Aldo Blengini, ante el fallecimiento de Juan el 20 de octubre, me mostró fotos de su padre alimentando venados de campo, haciendo pozos para encontrar ratones, sosteniendo conejos, ordeñando ofidios, acampando en lugares notoriamente remotos del Uruguay. También me contó que su padre había sido muy amigo de varios investigadores de renombre del Instituto, con quienes compartió horas de trabajo y ocio creativo. Fue entonces que acudí a ellos buscando rescatar la historia de un gran valor uruguayo, y me encontré con anécdotas dignas de un documental.

Aquí debajo, algunos de sus grandes amigos dedican una líneas a su memoria, también como forma de compartir la grandeza de un hombre apasionado y comprometido con la conservación de nuestra mayor riqueza: la diversidad de vida del Uruguay y todo su conocimiento potencial escondido.

Escribe Fernando Costa, IIBCE

Juan Blengini en el Clemente Estable
Conocí a Juan Blengini a mediados de los ‘70s, cuando llegó al IIBCE redistribuido de Pluna, como Ferrín y Tasano. Me lo presentó Capocasale, mi jefe de entonces, que lo conocía del Museo de Historia Natural. También fue encargado de Zoología en la época de oro del Centro de Estudios de Ciencias Naturales, el de Pancho Oliveras. Allí conoció a Fernando Pérez Miles, mi colega y amigo de toda la vida, y lo trajo al IIBCE a la corta edad de 16 años. Juan era un tipo difícil: alto, canoso, hosco, duro y áspero. Cara de pocos amigos semioculta por un gran bigote. Pero con los animales era otra persona: el ogro se endulzaba, los cuidaba, les hablaba. Parecían ser su vida.

En el IIBCE, Juan se encargó del Bioterio, y lo hizo andar de maravillas. Todo el IIBCE cambió su aspecto. Apoyado por el Director, el primer José Roberto Sotelo, en poco tiempo creó un verdadero zoológico en el fondo del IIBCE, cuando aún no existía el edificio nuevo. Y no sólo en el fondo. Ya uno al entrar en el edificio viejo, caminando por esas hermosas galerías con vista al jardín, uno podía ver a un mano pelada atado a un árbol, o dos axolotes en una gran pecera, en el corredor frente a lo que hoy es el laboratorio de Ángel Caputi. En el fondo, cerca del Salón Multiuso (que no existía) y en parte protegido por la vieja higuera, un jaulón con dos lechuzones o ñacurutús. Varios chivos acudían curiosos a recibirme cuando me iba a despejar al fondo (o a ver bichos, lo que venía a ser lo mismo para un zoólogo). Sobre una mesa blanca de cármica que aún conservo, Juan hizo subir a una gata montesa, ronroneando áspero con su collar rojo. En el bioterio, con olor a limpio y en orden, amenizaban la blancura de ratas y ratones una culebra arborícola, una crucera, escuerzos, ranas monito… De todo.

Juan y Fernando rescatando una culebra del lago.

Juan y Fernando rescatando una culebra del lago.

Un anécdota
Cuando el agua empezó a llenar el lago artificial de Salto Grande, Juan nos invitó a compartir unos días con él. Disponía de un lindo chalet de teja en El Espinillar, con auto y un bote. Era extraño ver que calles en buen estado desaparecían en el lago, como si su destino fuera llegar al fondo. E increíble la quema de las hojas de caña de azúcar: surgían de la nada llamaradas enormes, que en un instante desaparecían, dejando sólo varas chamuscadas. Pero lo mejor fue el bote: Juan rescataba fauna que se ahogaba, que después dispersábamos en tierra por los lugares que parecían los más adecuados. Los pobres bichos flotaban, nadaban o colgaban de ramas en la inmensa superficie del lago. Y todo iba para dentro del Arca de Noé. Las culebras que cabían y no se escapaban, en tarros de 200 litros; las demás, sueltas por la borda, compartiendo un espacio mínimo con humanos, cururús, ratones, lagartos, langostas, arañas y millones de hormigas. Las hormigas metían miedo. Muchas de ellas deambulaban flotando en una madeja roja que se esparcía por el bote no más tocaban la borda. Vi a Juan rescatar con cuidado a una crucera que colgaba de una rama, a pesar que el bicho se resistía y la corriente alejaba una y otra vez al bote. Lo vi también recibir impertérrito una docena de mordeduras de una culebra parejera que por lo visto no quería subir: recuerdo las gotitas de sangre que saltaban y caían sobre el bote. Blengini quería hacerlo todo, hasta que nos peleamos por eso. No nos hablamos por un día. Al segundo, me dijo:
– Mire señorito, que a mí me gusta mucho juntar bichos con usté.
Para Juan, esa era la más humilde de las disculpas. Alcanzó y sobró.

Hay en el LEEE, laboratorio de ecología, etología y evolución del IIBCE, dos arañas pollito grandes y hermanas, que nacieron hace 31 años y que probablemente son las arañas vivientes más viejas del mundo. El recolector de la mamá, claro, fue Juan Blengini, en 1983

Una de las hijas de la Araña madre que colectó Juan Blengini.  Muy probablemente, una de las dos araña más viejas del mundo, junto con su hermana.

Una de las hijas de la Araña madre que colectó Juan Blengini. Muy probablemente, una de las dos arañas más viejas del mundo.

Escribe Fernando Pérez Miles (FC-IIBCE)

Blengini y la ranita mono
Tendríamos 16 ó 17 años. Para Rafael de Sá y para mí era una de las primeras excursiones del Centro de Estudios al medio del campo: la estación Km 329 en Durazno, sobre el Río Negro, donde terminaba la vía del ferrocarril. También era una excelente oportunidad de compartir trabajos de campo con Juan Blengini y Raúl Vaz-Ferreira, dos baqueanos en esas lides. En esos tiempos las ranitas mono (Phyllomedusa iheringii) eran bastante escasas en colecciones y Vaz-Ferreira había escuchado su canto en la espesura del monte, al lado de un charco. Con un grabador de cinta, tecnología de punta en la época, Raúl trataba de captar el canto. Era de noche y llovía, Juan, Rafael y yo ayudábamos en lo que podíamos. Uno alumbraba, otro sostenía un paraguas o el micrófono. Sólo cuando la lluvia paraba era posible grabar sin la interferencia del ruido de las gotas, había que estar atento. Vaz-Ferreira, escuchaba concentrado con auriculares y negaba con la cabeza. Había un zumbido que ensuciaba la grabación. Así varias veces hasta cerca de las tres de la mañana, cuando descubrimos que el zumbido era del farol de mantilla; fue apagarlo y se solucionó el problema. Pero el bicho seguía sin aparecer. Entonces Blengini, machete en mano, fue pelando cuidadosamente un matorral y aislándolo del resto del monte, hasta que muertos de cansados nos fuimos a dormir. Al otro día nos levantamos más tarde con Rafael y volvimos al lugar; cuando llegamos, el matorral estaba reducido a un par de ramitas. Blengini, con una gran sonrisa, señalaba con el machete a la rana monito. Vaz-Ferreira buscaba, entre cientos de bolsitas, dónde alojarla.

Una dedicatoria
Tal vez nadie le iba a dedicar una especie, eso me convenció. Le dediqué especies a artistas admirados y famosos, Lennon, Blades, Benedetti, Gardel, Yupanqui, entre otros. También a amigos entrañables y menos conocidos, entre los que cuento a Juan Blengini. Un amador de los bichos, en el mejor sentido y el que me dio el primer empujón para entrar en el mundo de la ciencia. Justito él que miraba la investigación con la ñata contra el vidrio, tal vez para no romper el hechizo de la naturaleza que tanto admiraba. Te lo merecías, lleva tu nombre una hermosa tarantulita boliviana: Cyriocosmus blenginii.

Un ejemplar del género Cyriocosmus

Escribe José Roberto Sotelo, IIBCE

Juan entró en el IIBCE como un huracán de esos del Caribe, de esos que cambian todas las cosas de lugar, pero que durante la reconstrucción, él tomaba un papel renovador y que finalmente ayudaba a que todo fuera mejor. Podríamos definirlo como un científico autodidacta (con todos los beneficios y riesgos que eso conlleva), conocedor experto de toda la fauna y flora de nuestro territorio, pero que también incursionaba en las de otras regiones por su espíritu inquieto, conectado con muchos zoólogos o instituciones extranjeras con las que realizaba intercambio de ejemplares locales por los especímenes extranjeros de una forma totalmente desinteresada, pero muy cuidadosa y respetuosa de los animales y plantas vivas que enviaba y recibía. Luego distribuía los ejemplares recibidos entre sus innumerables amigos o instituciones nacionales tan fanáticos como él, de la conservación del medio ambiente y sobretodo del bienestar animal o vegetal.

Criando venados de campo para enviar a la estacion de cría de Piriápolis

Criando venados de campo para enviar a la estacion de cría de Piriápolis

 

Un militante político de toda la vida, durante la dictadura fue puesto a “disponibilidad” (una forma cruel pero diríamos semi-elegante de dejar a un opositor irreconciliable en la calle). En esa época vivía en un apartamento sobre Av. Italia, casi enfrente del IIBCE. Él había trabajado como mecánico en Pluna, un trabajo muy intenso y seguido por el ente de forma muy estricta, porque como él decía medio en broma y medio en serio estaba encargado de que todos los tornillos de los motores y o mecanismos que mantenían al aparato en el aire, estuvieran correctamente apretados. Sus amigos del gremio, Tasano (un mecánico tornero exquisito) y Ferrín (tapicero, que se había transformado en entelador deavionetas), gracias a él terminaron también en el IIBCE (uno como tornero del Taller y otro como fotógrafo).

El gran problema de la época era que ningún jerarca público quería arriesgarse a recibir a los “apestados” entre sus huestes. El Director del IIBCE, fue diferente, los recibió e inmediatamente se pusieron a trabajar. Juan Blengini quedó a cargo del Bioterio, Tasano del torno del taller y Ferrin del cuarto oscuro (ampliando por primera vez en su vida negativos de microscopía electrónica entre otras cosas). Inmediatamente Juan, Tasano y Ferrin “relincharon” con el director, que se dio cuenta que había hecho una adquisición, no sólo útil, sino significativamente importante. Lamentablemente, por razones de espacio dejaremos de lado las anécdotas de Tasano y Ferrin (compañeros entrañables) para concentrarnos en el “Monstruo de la Naturaleza”, como le decían a Lope de Vega, Juan Blengini. Inmediatamente, bajo el influjo del impulso colector de Juan, el IIBCE se transformó en un zoológico y una reserva botánica, repleto de los animales más insólitos, como un Mano Pelada, un Búho impresionante (Andy) y hasta asustador con su mirada penetrante y que terminó hasta por ser un actor de cine, ya que apareció en la primera escena de la película uruguaya “Mataron a Venancio Flores (Director: Juan Carlos Rodríguez Castro, Producción: Cinemateca Uruguaya).

También una anaconda gigante, un pequeño núcleo de venados de campo casi en extinción de la cual Juan los salvó y que sirvieron para ser la delicia de mis dos hijos mayores, porque Juan les enseño a darles la mamadera los sábados o domingos que los llevaba conmigo al IIBCE. Federico Dajas, a la vuelta de Suecia apasionado con estudiar los venenos neurotóxicos de la víbora de cascabel y analizar los de la crucera y la yarará, le pidió ayuda para conseguir ejemplares. Nuevamente, una parte del Bioterio se transformó en un serpentario sui generis. Juan, no sólo manipulaba las peligrosas serpientes, las alimentaba e higienizaba las jaulas de vidrio donde vivían, sino que ordeñaba el veneno “a mano” para colectarlo en tubos que iban directo a las columnas de cromatografía. Proporcionaba peces eléctricos a los electrofisiólogos y los guió en las primeras excursiones de captura.

Juan con si hijo Aldo, junton a los venados de campo en los Bañados de Carrasco, en la estación de cría de veterinaria

Juan con si hijo Aldo, junton a los venados de campo en los Bañados de Carrasco, en la estación de cría de veterinaria

Otra cosa interesantísima de Juan, era que conocía cada rincón del país porque había sido miembro del Centro de Estudios fundado por Pancho Olivera, de donde invitó a asistir al IIBCE a Carlos Cerveñanski (Bioquímico excelente), igual que a tantos otros. Inmediatamente se sumaba a cualquier actividad biológica o artística. Junto con Tomás Sobota, uno de los primero programadores informáticos del IIBCE, teníamos el mismo gusto por la fotografía y la practicábamos los sábados en el Departamento de Biofísica con él; yo entre experimento y experimento de mi tema y Tomás fulltime. Juan se sumó al Club de fotografía con entusiasmo, comíamos juntos y tantoTomás como yo disfrutábamos del anecdotario de Juan y terminamos formando un grupo de excursión (junto con Carlos) con su guía, y recorrimos muchos lugares inolvidables. Uno de los que más recuerdo fue el Palmar de Porrúa, donde quedé de boca abierta, ya que había muy cerca un bar  con un mostrador de madera, donde nos acodamos a tomar unas grapas con limón y a escuchar al dueño sobre los tipos que habían visitado previamente el lugar. Habían encontrado muchísimos restos indígenas. Volví a Montevideo con una boleadora a la que le faltaba una lasca.

Juan Blengini en el Reptilario del Centro de Pancho Olivera con una Tortuga Campanita

Juan Blengini en el Reptilario del Centro de Pancho Olivera con una Tortuga Campanita

Foto de Juan en un campamento de Baigorria, cuando fueron con José Sotelo a los Palmares de Porrua,  "un paraíso"

Foto de Juan en un campamento de Baigorria, cuando fueron con José Sotelo a los Palmares de Porrua, “un paraíso”

 

Escribe Antonio (Tony) Mignone, ex integrante del LEEE

Conocí a Juan cuando aún no tenía edad para manejar legalmente. Laburaba en un Laboratorio que preparaba material de Zoología, que él visitaba asiduamente Siempre iba a compartir cigarrillos (los míos); yo estaba encargado de bichos y bueno, no fue difícil hacernos amigos…

Creo que lo conocí un poco tarde, nada que ver con aquella fama de tipo reacio y con fuerte temperamento. Compartimos varias salidas de campo: el viejo sabía todo. Junto con Daniel García y su esposa nos terminamos haciendo amigos muy cercanos, todos bichólogos.

Con los años me fui a la “gélida” Miami, pero siempre seguimos en contacto, lo mantuve al tanto de mis locuras y aventuras, de mis caminatas por los pantanos. Y bueno, cuando empecé a bucear para viejo fue como si él lo estuviera haciendo. “Disfrutalo por mí, nene, que es como si yo estuviera con vos ahí abajo del agua. Es algo que me quedó pendiente en la vida y que vos lo hagas me parece maravilloso”. Fue lo que me dijo la última vez que hablamos.

Fue (es?) un tipo que de alguna manera nos marcó a todos. Creo que llevó a Fernando Pérez al Instituto y a algún otro también. Para mí, uno de esos padres adoptivos que te regala la vida, un gran amigo y siempre voy a lamentar que no lo pude convencer de venir a Miami a mirar bañistas y delfines.

Mas historias
Tomás Sobota fue otro científico que hace tiempo estuvo muy vinculado al instituto y era amigo de Juan. Por correo nos contó que lo acompañó a alguna salida para recolectar los peces eléctricos en la laguna del Sauce y otras aventuras. Luego Omar Trujillo, investigador emérito de nuestro instituto y discípulo directo de Clemente Estable, nos contó que de hecho fue Juan quien “descubríó” a los peces eléctricos y los trajo, comenzando sin querer queriendo, toda una línea de investigación interdisciplinar que continúa hasta hoy, generando conocimiento uruguayo de exportación.

 

Cursos 2014_ Biología de la Conservación II

El curso es exclusivo para estudiantes de postgrado. El cupo es de 20 estudiantes. Será dictado en el IIBCE, Sala Saez, los martes de 18 a 21 horas. Inicia el 25 de Noviembre.

El objetivo general es capacitar al estudiante en las bases conceptuales de la biología de la conservación y las metodologías de estudio, analizando los aspectos demográficos, genéticos y ecológicos. Brindaremos herramientas para la elaboración de propuestas de investigación enfocadas a la conservación de la biodiversidad  en escenarios de cambio climático.

Las inscripciones son en la Bedelía-Facultad de Ciencias del 1 al 20 de Noviembre. Una vez inscriptos se solkicita enviar una un CV resumido y una carta de una carilla explicando la motivación para realizar a sugonza9@yahoo.com. Esto servirá para seleccionar a los estudiantes si se excede el cupo.

 

Coordinadora del curso_ Dra. Susana González_sugonza9@yahoo.com

Docentes_ Dr. Enrique Morelli, Dr. Jose Carlos Guerrero & Dr. Miguel Simó
Docente invitada_ Dra. Ana Luz Porzecanski. Center for Biodiversity and ConservationAmericanMuseum of Natural History-USA

Los temas abordados serán
Conservación in situ. Estrategias para la elaboración e implementación de proyectos de conservación in situ de la biodiversidad. Prioridades de Conservación. Pautas para la elaboración de proyectos. Bases conceptuales. Biodiversidad. Evaluación de impacto ambiental. Biogeografía de la Conservación Conservación en tierras privadas. Educación ambiental. Experiencias de Biología de la Conservación en Latinoamérica.

CURSOS 2014_ Taller de Ecología Molecular

Difundimos este taller especial para las Sub-áreas Genética, Ecología y Zoología
TALLER DE ECOLOGÍA MOLECULAR: APLICACIONES PARA LA CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD, PEDECIBA-BIOLOGÍA

Lugar: IIBCE- salón de actos, de lunes a viernes de 14 a 18 hrs.
Comienza el lunes 8 de setiembre 
Contacto: Dra. Mariana Cosse mcosse@iibce.edu.uy explicando las motivaciones para realizar el curso y un breve curriculum. Cupo: 20 estudiantes.

Fundamentación
La combinación de marcadores genéticos con la ecología y la evolución ha llevado al desarrollo de un nuevo campo, la Ecología Molecular. Este curso de posgrado se focaliza en los marcadores genéticos como herramientas poderosas para la comprensión de procesos ecológicos y evolutivos de los organismos en su hábitat natural.
Apuntamos al fortalecimiento de capacidades para el diseño y realización de proyectos donde se apliquen herramientas moleculares, para responder cuestiones relacionadas con la conservación de la biodiversidad.