El microscopio mágico

Luego de un 2017 muy productivo, pleno de festejos y reconocimientos por nuestro 90 años, en el 2018 tenemos una muy buena noticia para continuar celebrando:

El Instituto acaba de obtener financiación para ejecutar un proyecto vinculado a la Educación, que busca estimular el aprendizaje en el área científica a través de la exploración del mundo microscópico. La propuesta es una de las cinco que serán financiadas luego de haberse presentado al llamado del Fondo Sectorial “Inclusión Digital: Educación con nuevos horizontes” de la ANII.

Coordinado por la Dra. Alejandra Kun del Departamento de Proteínas y ácidos Nucleicos del IIBCE, cuenta con la participación de investigadores, docentes y profesionales de las Facultades de Ingeniería, Ciencias, Medicina y Veterinaria, y del Centro GEN, de Artes y Ciencias.

“El microscopio mágico” será una herramienta informática para estimular el aprendizaje en el área científica y promover una pedagogía establiana, basada en la inclinación natural de los niños hacia la observación, la interrogación y la experimentación. Esta pedagogía fue plasmada en el Plan de Pedagogía Causal de 1931, conocido como el Plan Estable en honor a su creador, el Maestro Clemente Estable. Fue incluso puesta en práctica en varias escuelas públicas del país (Nº 12, Nº70, Escuela Experimental de Malvín, entre otras), durante períodos variables de tiempo entre 1940 y 1980.

El proyecto “El microscopio mágico” se pondrá a prueba en forma piloto en 6 escuelas, 3 rurales y 3 del área metropolitana. En una segunda etapa se extenderá a un número mayor de 30 esceulas aproximadamente. Para ello cuenta con el apoyo de un importante número de docentes con quienes hemos trabajado e intercambiado experiencias de trabajo en torno al Plan Estable.

Se trata de una interfase conectada a la Red Ceibal, donde los estudiantes accederán a un microscopio virtual y encontrarán un repositorio de imágenes originales con diferentes niveles de aumento. A partir de estas microfotografías y con diferentes recursos que permitan el ensayo y el error (como cambiar el foco o la magnificación del microscopio), los niños podrán jugar y aprender al mismo tiempo.  

Todas las imágenes serán generadas en el proyecto con lupa y microscopio óptico, para explorar, con esta nueva herramienta, el acceso a un universo en otras dimensiones. En la plataforma de aprendizaje además, habrá contenidos relacionados con la práctica y las bases físicas de la “magia” del microscopio: la naturaleza de la luz, la historia de la microscopía o cómo preparar muestras para verlas al detalle.

Con este proyecto, desde el Instituto aspiramos a contribuir con el enfoque establiano que coloca al niño como centro, que busca desde su perspectiva una mirada sobre la naturaleza, y una forma de explorar sus incógnitas; rescatando el vínculo que devuelve a la ciencia su condición de arte, por su belleza y su búsqueda del bien.

Eventos 2017_Simposio IIBCE-CUDIM

En el  marco  de  la  conmemoración  de  nuestros  90  años y en conjunto con el Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (CUDIM) celebraremos el “Primer Simposio IIBCE-CUDIM: Neurodegeneración y Cáncer”.

Será un evento en el que se analizarán los avances en el conocimiento sobre estas patologías de enorme relevancia sanitaria y social, y se expondrán las investigaciones realizadas integrando las capacidades humanas y las facilidades de ambas instituciones.

Además, se realizarán dos conferencias magistrales y una mesa sobre cooperación interinstitucional con actores relacionados a la ciencia, para articular sinergias y ampliar objetivos tendientes hacia el avance del conocimiento. Finalmente, cerraremos el simposio con un brindis.

Pueden acceder al programa en este enlace.

La entrada es libre y gratuita, previa inscripción por correo_ simposioestablecudim@gmail.com.
Se entregará certificado de asistencia.

La historia de una imagen

La imagen que ilustra esta nota es la carátula de febrero 2017 de la revista Biology Open. El autor es Martín Baccino, quien realizó su maestría en el Departamento de Biología del Neurodesarrollo (DBND) de nuestro Instituto, bajo la supervisión de Rafael Cantera.

En la foto podemos ver una sección del hemisferio cerebral de una larva de la mosca Drosophila tomada con un microscopio confocal. Los colores representan diferentes concentraciones de oxígeno en los núcleos de las células del cerebro, las neuronas. El azul corresponde a la mayor oxigenación y el amarillo a la menor. 

Esto se logró gracias al desarrollo de un biosensor de oxígeno. Para que funcione, la larva de la foto lleva un transgen que le aporta a cada célula dos proteínas: una que emite fluorescencia verde y otra que emite fluorescencia roja. La que emite verde es degradable por el oxígeno, mientras la otra es insensible al oxígeno. Así, cuanto más oxigenada esté una célula menos fluorescencia verde emitirá. De esta manera se puede estimar la concentración relativa de oxígeno en las células, al calcular la proporción de verde y rojo. 

El blanco de la imagen muestra los tubos respiratorios que llevan oxígeno al cerebro. Es notable la correlación entre la extensión de abastecimiento de oxígeno por estos tubos y la cantidad de oxígeno que presenta cada región del cerebro. Esto es parte de la discusión dentro de la publicación científica de Martín, Rafael y otros autores, en la propia revista.

Tapa de la revista Biology Open de febrero 2017, ilustrada por el investigador Martín Baccino

Tapa de la revista Biology Open de febrero 2017, ilustrada por el investigador Martín Baccino. Imagen bajo licencia de Creative Commons 4.0

La información que brindan estos colores es el resultado de años de trabajo y la contribución de varios investigadores. Juntos han dado un paso importante para las Neurociencias. A su vez, es el fruto de la colaboración entre el Instituto,  la Universidad de Friburgo y la Universidad de Zurich en Suiza, donde hoy Martín realiza su doctorado.

Felicitamos al Departamento de Biología del Neurodesarrollo y a Martín por esta bella imagen y su contribución al conocimiento científico.

A continuación transcribimos la historia de esta imagen, que ilustra, en palabras de Rafael Cantera, el proceso de una investigación de calidad.

La línea de investigación sobre la que se basa el trabajo se inició con una observación que nos resultó interesantísima: vimos que en el cerebro larval de la mosca Drosophila existen dos zonas muy distintas en relación a la distribución de los tubos respiratorios que se llaman traqueolas. La zona central está densamente traqueolada y en la zona lateral casi no hay traqueolas. Esto nos sorprendió porque se considera que el cerebro, como cualquier otro tejido con alto metabolismo, debería estar completamente traqueolado para recibir suficiente oxígeno.

La reacción de un tipo celular o un tejido a la hipoxia es un tema importante no solo para quienes estudiamos el desarrollo del cerebro sino también para aquellos que estudian el crecimiento de los tumores, la adaptación del metabolismo celular a distintas condiciones ambientales o a cambios genéticos, entre otros temas interesantes de la biología y la medicina.

Una estudiante de grado que hizo su tesina en nuestro Departamento, Leticia Couto, comenzó el estudio de este tema. Descubrió que a medida que el cerebro de la larva crecía, la zona no traqueolada crecía proporcionalmente. Esto indicaba que la porción del cerebro que recibiría poco oxígeno crecía día a día. A su vez indicaba que el desarrollo normal del cerebro requiere mantener los niveles de oxígeno relativamente bajos (hipoxia) en cierta zona.

También observamos que todas las neuronas funcionales que habían formado sinapsis (los contactos por los que se comunican las neuronas en el cerebro), estaban en la zona traqueolada. En la zona no traqueolada sin embargo, casi no había sinapsis. En lugar de eso, había muchas células madre y su progenie, que aumentaba día a día durante la vida larval. Esto sucedía sin que esas células se diferenciaran en neuronas inmediatamente.

Otros colegas habían descubierto que esos miles de células recién completaban su diferenciación neuronal días más tarde y casi al unísono, durante la metamorfosis de la larva al adulto.

Esto significa que durante varios días de la vida larval, el cerebro crece muchísimo de tamaño, en parte por adición células nuevas, sin que aumente el número de neuronas diferenciadas.

A partir de estas observaciones nuestra primer hipótesis fue que la falta de traqueolas en la zona proliferativa causaba una situación de hipoxia en esa región. Una siguiente hipótesis fue que esta hipoxia promovía la proliferación de las células madre. Por último, pronosticamos que elevar el nivel de oxígeno en la zona no traqueolada tendría consecuencias negativas para el desarrollo del cerebro porque frenaría la proliferación de las células madre.

Para investigar estas hipótesis con Martín establecimos una colaboración con colegas suizos con distintas especialidades. Uno es Boris Egger, co-supervisor de Martín, experto en las células madre que proliferan en la zona del cerebro no traqueolada. Otro es Stefan Luschnig, quien dirigió el doctorado de Tvisha Misra, cuyo objetivo fue construir un sensor de oxígeno que permitiese “medir” lo niveles relativos de oxígeno en células individuales.

El sensor construido por Misra resultó en una cepa de moscas transgénicas que expresan dos proteínas fluorescentes. Una de ellas fluoresce en verde y es muy sensible al oxígeno (cuanto más oxígeno haya en la célula, menos fluorescencia verde emite) y la otra emite fluorescencia roja insensible al oxígeno. De ese modo, registrando la fluorescencia verde y roja emitida por cada célula del cerebro con ayuda de microscopía confocal, se puede calcular, para cada célula, la cuota verde/rojo. Esta cuota se toma como una buena representación de los niveles relativos de oxígeno entre las distintas zonas del cerebro.

Calcular esto para cada célula sería una tarea titánica, porque llevaría demasiado tiempo ya que el cerebro de la larva tiene miles de células. Esta dificultad la superamos con ayuda de otro colaborador suizo (Felix Mittelman) que creó un software que le permitió a Martín calcular el valor de oxígeno automáticamente. Gracias a este software, se pueden analizar las imágenes del microscopio confocal de modo automático. La computadora reconoce cada célula, le registra la intensidad de verde y rojo, calcula la cuota y produce un “mapa” en el cual cada célula tiene un color que representa su valor relativo de oxígeno, aunque en una escala de colores los valores más bajos de oxígeno se representan en amarillo y los más altos en azul.

Gracias a este método Martín consiguió confirmar que la zona de cerebro con pocos tubos respiratorios realmente recibe menos oxígeno que el resto del cerebro. Otro de los experimentos que realizó para investigar nuestras hipótesis, fue mantener las larvas que contienen el sensor en una atmósfera con hiperoxia (mayor cantidad de oxígeno de los normal). Luego midió el oxígeno en cada célula del cerebro al mismo tiempo que identificaba y contaba las células que se dividían. Eso le permitió descubrir que en el cerebro de las larvas mantenidas en hiperoxia disminuye la división celular, comparado a las larvas en condiciones atmosféricas normales. Esa menor proliferación resultó en larvas con cerebros anormalmente pequeños.

Esto coincide perfectamente con nuestras hipótesis: la escasa traqueolación del cerebro lateral impone cierta hipoxia en esa región, lo cual es parte del desarrollo normal del cerebro. La hipoxia promueve la proliferación de las células madre que permiten el crecimiento del cerebro de la larva y su transformación, poco después, en el cerebro del adulto.

Martín hizo otros experimentos que combinados con los experimentos de Tvisha nos permitieron consolidar una propuesta: el sensor de Stefan y Tvisha realmente permite medir niveles de oxígeno con una resolución imposible de conseguir con cualquier otro de los métodos disponibles hasta el momento.

El sensor de Tvisha y Stefan, combinado con el método que permite cuantificar, en pocos minutos, los valores de intensidad de fluorescencia roja y verde en miles de células, nos permitió producir imágenes con la calidad y precisión que ilustra la foto que eligió Biology Open para la tapa de su número de febrero pasado.

Esta imagen ilustra la resolución fantástica que se puede alcanzar con este método. Además, permite pronosticar que el sensor de oxígeno de Tvisha y Stefan, adaptado a otras especies animales y combinado con el método de trabajo desarrollado por Martín, Boris y Félix, permitirá a muchos colegas hacer experimentos que hasta ahora no se podían hacer.

Otra ventaja del sensor es que detecta diferencias muy pequeñas entre células muy cercanas lo cual nos permitió descubrir que dentro de una zona relativamente pequeña del cerebro pueden existir células que parecerían tener niveles de oxígeno bastante distintos y que esas diferencias se correlacionan en parte con el tipo celular. Las células madre, por ejemplo, tienden a ser más hipóxicas que sus hijas y que las neuronas diferenciadas. Estos datos todavía no los hemos publicado porque necesitamos hacer más experimentos y para eso necesitamos incorporar un nuevo estudiante al grupo de trabajo.

Sobre Martín y la financiación de la investigación en Uruguay

Durante el inicio de su carrera de investigador recibió primero una beca de iniciación (ANII) y luego hizo una maestría PEDECIBA con beca de la ANII.  Durante su maestría hizo dos pasantías de tres meses c/u en la Facultad de Biología de la Universidad de Friburgo (Suiza)  bajo la supervisión del Dr. Boris Egger, colaborador del DBND desde tiempo atrás.

Durante su maestría obtuvo fondos del PEDECIBA (alícuotas de estudiante), apoyo económico de fondos suizos para sus pasantías en Friburgo y principalmente un fondo de investigación de la ANII (Fondo Clemente Estable). Luego de defender muy exitosamente su tesis de maestría se mudó a Zurich, donde  está haciendo un doctorado en un programa de posgrado suizo bajo la supervisión de Martin Muller, trabajando también en sistema nervioso de Drosophila, aunque en un tema distinto al de su maestría.

 

 

Calidad del agua. Conocimiento y formación

IIBCE investiga y forma investigadores. Una forma de mostrarlo, es compartir este informe, un curso de posgrado cuyos resultados incluyen propuestas para la gestión del agua. El conocimiento generado se centra en el recurso agua como objeto de conservación y manejo. Busca a su vez, que la toma de medidas se base en la evidencia.

En palabras de la docente e investigadora del IIBCE Claudia Piccini:

Esta publicación resume la información obtenida del curso de posgrado PEDECIBA “Respuesta de los Ecosistemas Acuáticos a Impactos Antropogénicos” dictado en 2016. El curso se centró en la cuenca del arroyo Carrasco e involucró un estudio social y económico de la misma, así como la determinación y análisis de diversos parámetros indicadores de contaminación del agua. Una vez evaluados los resultados obtenidos se realizó una propuesta de posibles medidas de gestión y mitigación de los impactos encontrados, proponiéndose a la calidad del agua como objeto focal de conservación y haciendo referencia a recomendaciones para recuperar la calidad del agua en la cuenca.

Enlace al informe

Nueva publicación internacional entre el IIBCE, el Institut Pasteur de Montevideo y el Instituto Max Planck de Alemania

El Dr. Juan C. Benech e Inés Rauschert, investigadores de nuestro Instituto, han participado en una investigación reciente con resultados importantes para la comunidad académica. El conocimiento, ya publicado, en conjunto con investigadores del Instituto Pasteur de Montevideo (Dr. R. Agrelo) y el Instituto Max Planck de Alemania, abre camino hacia el desarrollo de marcadores tumorales y futuras aplicaciones terapéuticas.

El trabajo se centró sobre el neuroblastoma, un tipo de tumor embrionario que puede causar la muerte en niños. Se origina en progenitores o células inmaduras del sistema nervioso simpático.

Los resultados muestran por primera vez cómo la lámina A/C, componente importante del núcleo celular, se encuentra silenciada, es decir, no se desarrolla en líneas celulares de neuroblastoma. Esto se debe a un mecanismo que los investigadores lograron revertir, modificando el grado de metilación del ADN (parte de su composición química que determina la expresión de ciertos genes).

Utilizando Microscopía de Fuerza Atómica, pudieron ver que las propiedades mecánicas de las células carentes de lámina A/C está modificada; son menos rígidas y tienen mayor capacidad migratoria. Esto, entre otros factores, las volvería más propensas a desarrollar metástasis y tejidos anormales (mayor potencial neoplásico). 

 

Felicitamos a Juan y su equipo por este avance.
Enlace al articulo científico

 

El IIBCE por sus protagonistas

Éste es el IIBCE, un instituto de investigación donde trabajan jóvenes científicos en diferentes etapas de formación, con investigadores consolidados de primer nivel, en distintas áreas de la Biología.

Vocación, dedicación, diversidad y calidad. Investigación uruguaya con proyección internacional, en la frontera del conocimiento.

IIBCE, pasión por la ciencia

 

IIBCE de Alto Impacto_ Cursos 2015_School on molecular and cell biology to unravel the physiology/pathology of diverse biological paradigms

Desde el lunes 9 de noviembre hasta el 20 de noviembre inclusive, se estará desarrollando en el IIBCE el curso internacional de posgrado “School on molecular and cell biology to unravel the physiology/pathology of diverse biological paradigms”.

Las conferencias teóricas son de acceso libre y se llevan a cabo en la Sala de Conferencias del Palladium Business Hotel, situado en Tomas de Tezanos 1146.

El curso es organizado en conjunto entre investigadores internacionales e investigadores nacionales de la Facultad de Ciencias, Facultad de Medicina y nuestro Instituto.

Pueden ver los detalles en el programa aquí.

Cursos 2015_ Cultivo primario de células neurales (2ª edición)

Este curso será del 19 al 31 de octubre. Se realizará en el #IIBCE y en la Facultad de Medicina. 
El objetivo es que los estudiantes de postgrado adquieran los fundamentos teóricos y prácticos del cultivo primario como abordaje experimental. Tiene un componente teórico y uno práctico que involucra al estudiante en el proceso de obtención, seguimiento y reconocimiento de las células cultivadas.

La importancia creciente del estudio de los mecanismos implicados en la función y patología del sistema nervioso central y periférico ha convertido al cultivo primario de células neurales en una herramienta esencial para su conocimiento.

El curso tiene previsto al realización de un Minisimposio el 31 de octubre de 9:00 a 13:00.

Las inscripciones son en la Bedelía de Facultad de Ciencias hasta el 15 de octubre_ “Introducción al cultivo primario de células neurales 2015”.
En paralelo se solicita enviar una carta de motivación para resolver cupos a Silvia Olivera del #IIBCE, solivera@iibce.edu.uy o Patricia Cassina de Facultad de Medicina pcassina@fmed.edu.uy.

Por más información pueden ver el siguiente enlace o consultar a algunas de las docentes a través de las mismas casillas de correo.

 

IIBCE se expresa_ Artículo de opinión de uno de nuestros investigadores

Este artículo fue publicado en el semanario BRECHA, el viernes 21 de agosto 2015. Su autoría es del investigador Rafael Cantera (*).

La domesticación de la ciencia

Los científicos del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE), unidad ejecutora del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), se enfrentan consternados a una propuesta emanada de la dirección del Ministerio por la que sus programas y proyectos de investigación y formación de jóvenes investigadores, sus dos objetivos fundamentales, pasarían a ser seleccionados, planificados, coordinados, ejecutados y evaluados no por ellos mismos, sino por un grupo de funcionarios políticos de diversos ministerios, designado con el presunto cometido de dirigir el esfuerzo científico de modo que reporte más ventajas económicas para el país.

Parecería que en el gobierno prima la creencia de que seleccionando y controlando los temas a estudiar, a partir de criterios económicos y políticos, a los cuales los valores científicos quedarían supeditados, puede promoverse una ciencia que reporte más y mejores resultados útiles y menos de lo que se cree inútil, por desvinculado al crecimiento económico. Subyacente a esa falsa creencia, parecería que existe una intención de encarrilar a los científicos para que se dediquen a estudiar problemas de importancia particular para el país, y que un buen desarrollo científico se definiría en función de la solución de problemas prácticos o materiales siguiendo la fórmula simplista de ”problema-proyecto-solución”. Eso implica la infantil convicción de que esa casi ofuscación por lo ya conocido, esa domesticación de la ciencia, alejándola de lo nuevo e impredecible, de lo potencialmente revolucionario, no solo dará mejores resultados, sino que también aumentará nuestra competitividad en el seno de una economía de mercado capitalista.  

La gran debilidad de esta idea es presentarnos una ciencia amputada, servil a los intereses urgentes, sorda a la pasión por las grandes preguntas científicas y sesgada por la parcialidad, que inevitablemente se impone una vez que comienza a ser dirigida principalmente en función de planes de gobierno y preferencias político-partidarias. Si bien usar nuestro conocimiento acumulado para resolver ciertos problemas es parte del cometido de la ciencia, y a veces, aunque no muy frecuentemente, esto es posible, más importante aún es crear el conocimiento que no existe. Y si la principal función de la ciencia es generar conocimiento nuevo y esta debía ser, según Clemente Estable, una función primordial del instituto que hoy lleva su nombre, parece una mala idea suponer que la exploración científica de la naturaleza, la biología, saldría beneficiada si fuese dirigida por un aparato político.

La idea que acá criticamos es considerada políticamente correcta de modo casi universal. En Estados Unidos fue adoptada tanto por gobiernos demócratas como republicanos y en Cuba la promovió el gobierno socialista y si se extendió por el mundo tan irresistiblemente se debe en parte a que también fue adoptada por gobiernos socialdemócratas, democristianos, liberales, centristas y neoliberales y, al llegar a nuestro país, también por gobiernos frentistas.

Esa promiscuidad política nos demuestra que esa creencia no es ni original ni ”progresista”. Pero no se le puede negar su resistencia al razonamiento crítico y a la oposición de tantos científicos que han tratado de explicar su parcialidad y deficiencia.  Su condición de mala hierba, por su empecinamiento en surgir y resurgir en casi todos los terrenos políticos, podría deberse, al menos en parte, a que coincide con el ”sentido común”, como la creencia de que el Sol gira alrededor de la Tierra, o de que esta es plana.

Si como dije, viene siendo promovida desde hace muchas décadas en varios de los países que más dinero y esfuerzos invierten en actividad científica, es válido preguntarse si esta promiscua, yuyal y razonable idea al menos allí, donde tanto se la ha impulsado, ha dado los resultados prometidos. No caben dudas que para esta pregunta existen respuestas. Infinidad de datos de acceso público, informan sobre el monto de las sumas invertidas en cada ”importante problema a solucionar”, en cada ejemplo de ”ciencia pertinente” y también existen datos sobre los resultados obtenidos, o mejor dicho, sobre su frecuente ausencia. En las dos últimas décadas, una parte importante del presupuesto mundial para la investigación en biología y medicina fue dedicada a un objetivo muy útil, socialmente pertinente y bien definido, pero que no ha sido alcanzado: la vacuna contra el SIDA. Otra buena parte, fue dedicada a financiar miles de proyectos con fines también muy útiles (cura del cáncer, alcoholismo, envejecimiento, y diabetes, por ejemplo), pero jamás alcanzados.

Sólo en Estados Unidos y contando exclusivamente la financiación otorgada por el instituto NIH (por ”National Institutes of Health”, institutos nacionales para la salud, el principal financiador de proyectos científicos en biomedicina en ese país), las sumas invertidas en la solución de un problema tan pertinente como la producción de una vacuna contra el SIDA y cuya importancia práctica sería indiscutible, rondan los tres mil millones de dólares anuales. Tres mil millones, año tras año, sin que aparezca la bendita vacuna. Aparentemente, tener voluntad política para elegir con pertinencia un problema socialmente acuciante y asignarle muchos fondos a su estudio no es suficiente –quizás ni siquiera haya sido la estrategia más adecuada- para resolver ese problema eficientemente, por más meritorio que sea el esfuerzo.

Creo que la explicación de estos pobres resultados no se basa en falta de conducción política, errores individuales, mala gestión de los fondos y otros aspectos ajenos a la creencia y a las estrategias de ella derivadas. El meollo está en que la creencia es falsa en sí misma. De hecho, este tema está siendo debatido en Estados Unidos, Inglaterra, Suecia y otros países donde ese camino ya fue probado a lo largo de décadas y ya se da por descontado que se debe reservar una parte importante de los fondos para investigación ”fundamental”. El término comprende aquella no ceñida a las urgencias políticas, puesto que de ella se derivan, con pocas excepciones, los grandes avances científicos.

Un ejemplo de importancia relativa, pero muy elocuente, es que casi todos los grandes avances en nuestra comprensión científica de la naturaleza merecedores del premio Nobel, siempre discutibles pero extraordinariamente innovadores, provienen de investigaciones en ciencia básica o fundamental.  De ideas y proyectos a largo plazo, propuestos estrictamente por científicos y cuya posterior utilidad para la medicina, la tecnología o la economía no estaba prevista ni por los políticos, ni por los propios científicos responsables de esos avances.

Los datos, entonces, enfrentan a la relativa ineficacia de avanzar cuando solamente se pretende resolver un problema y la proliferación de resultados notables cuando se hace buena ciencia, que a menudo produce resultados inesperados y con consecuencias utilísimas.

Por si todo esto fuera poco, la promoción en Uruguay de la falsa creencia criticada en esta nota impondría, casi ineludiblemente, una degradación en la capacidad del instituto Clemente Estable para cumplir con su segundo gran cometido, que ha sido y es de fundamental importancia para la ciencia en Uruguay: la formación, haciendo ciencia en el laboratorio y el seminario, de los futuros científicos. Domesticando el proceso, se domestica a los investigadores porque se los obliga de cien maneras, explícitas o solapadas, a permanecer atentos a los objetivos políticos del gobierno, acostumbrándolos a elegir temas de estudio y discusión, y a definir de modo sesgado, incluso políticamente correcto, proyectos y temas de estudio, siempre ansiosos por presentar sus motivos e intereses científicos de tal modo que coincidan con los gustos políticos del momento.

Santiago Ramón y Cajal ya había pensado sabiamente sobre este tema y promovía una opinión que hoy, lamentablemente, sería tan políticamente incorrecta en Estados Unidos como en Cuba, en España como en Uruguay.

”Cultivemos la ciencia” –decía Cajal- ”por sí misma sin considerar por el momento sus aplicaciones. Estas llegan siempre, a veces tardan años, a veces siglos. Medrada andaría la causa del progreso si Galvani, si Volta, si Faraday, si Hertz, descubridores de los hechos fundamentales de la ciencia de la electricidad, hubiesen menospreciado sus hallazgos por carecer entonces de aplicación industrial. Dejamos consignado que lo inútil, no existe en la naturaleza…” (1)

Una posición sabia, pero que no parece coincidir con la política de ciencia que explicaría el proyecto de restructura del IIBCE propuesto por el MEC.

(1)  Reglas y consejos sobre la investigación científica” (”Los tónicos de la voluntad”).

De Santiago Ramón y Cajal, Editorial Austral, 1952.

(*) Rafael Cantera es biólogo, especializado en el desarrollo del sistema nervioso e Investigador Categoría II del Sistema Nacional de Investigadores.